Mod modelo 97 (primera parte)
(Nota de pablo Krantz, Revista Los Inrockuptibles, Buenos Aires, Febrero de 1997)

Los Demonios de Tasmania siempre fueron demasiado punks para los sónicos y demasiado sónicos para los punks. Ya pasaron varios años desde aquel compilado Ruido con el que, apenas salidos del secundario, irrumpieron en la escena local. Su cantante Sharly, una suerte de villero aristocrático, mezcla los estereotipos con la ironía y el cinismo de Modelo 96, el segundo torbellino del grupo. Cuando el remolino de sus veintitantos años se detiene, todavía podemos descubrir al adolescente que, al dejar de ir a un colegio católico, descubrió de pronto la sagrada trinidad rockera: sexo, drogas y killer-rock.

Empezamos con el grupo cuando eramos muy chicos. Íbamos todos al mismo colegio: al Roca. Yo antes había ido a colegios muy formales, y cuando paso al Roca veo que todos tienen grupo. No existía no tener grupo. Empezamos a tocar y a los catorce ya teníamos una banda que se llamaba La Zona Muerta. Ir al colegio era no estar nunca en clase y dar todas las materias a fin de año; estar con gente todo el tiempo y nunca mirar televisión. Y leer los clásicos libros, que también eran medio una moda: Bukovsky, Burroughs, esos libros que lee Fito páez. Empezás a tener contacto con drogas, y con chicas, con grupos de rock... El rock también se estudia. Empezás a estudiar a David Bowie: escuchás Let’s Dance, después Low, y de repente llegás a Ziggy Stardust y ya estás metido hasta las tetas. Averiguás cómo se hizo famoso Bowie. Y así con todos esos rubros: con el sexo y con las drogas es lo mismo.

¿Cuándo empiezan a tocar como DDT?
El golpe es cuando yo entro a cantar. Antes con Luciano siempre tocamos juntos, pero había otro cantante. En un momento aparecen unas horas gratis en Aguilar, que ganamos en un concurso. Yo hago un par de canciones, nos encerramos en una casa y armamos en una semana cuatro o cinco temas que metemos ahí. Eso circula y termina en Ruido, que sale a mediados del 93. Después eso mismo salió en el Ep, en el 94, pero lo habíamos grabado mucho antes, ese mismo verano. De repente estábamos saliendo en el Sí, éramos como un invento, porque armamos el grupo para grabar. Yo entré a cantar primero a estudio y después fui a cantar en vivo. Era muy aventurero.

¿Qué sentían cuando venían a hacerles notas y el grupo en realidad casi no existía?
No fue exactamente así, porque inmediatamente nos pusimos a tocar, y las notas llegaron unos meses después. En dos o tres meses ya habíamos hecho diez, quince fechas. Grabamos y salimos a tocar en todos lados. Nuestra idea era tocar mucho para que el grupo no fuera una cosa blanda. En realidad casi teníamos que aprender a tocar. No sabíamos mucho hacer canciones. Sabíamos tocar, pero hacer canciones es distinto, lo aprendés haciéndolas. Yo tenía veintiuno.

¿Cómo eran tus primeras letras?
Las hacía para que no le gustaran a ponieman, que era el productor del Ep. No sabía qué escribir. Él decía cosas como "Hagan un cover de palito Ortega" o "¿Afinaron bien, chicos?". Te daba consejos. Yo lo odiaba. por eso hacía letras sadomasoquistas, pensaba: "No le va a gustar". Y el chabón ni se enteraba. Y después lo de las letras te lo tomás un poco más en serio, porque si no no hacés a tiempo a escribirlas para el otro disco. De repente tenés que hacer ocho letras en cuatro días, y aunque las vengas pensando... Eso es lo que tienen los discos de bueno: hasta que no llega la fecha de entrar a grabar, todo es como una nebulosa. por eso utilizo recursos como el contraespionaje, para escribir sobre algo. Al principio, cuando ensayás, gritás un poco y listo. pero cuando llegás a un estudio, tenés que tener la melodía, porque si no se te revela el técnico y fuiste. La canción primero es sólo un título, y después la empezás a abrir y empezás a trabajar para que sea conocida. Il Gatopardo, por ejemplo, es una película de Alain Delon, con una estética muy 007. Es como un villero en la aristocracia. pensé que era bueno que se difundiera esa palabra. U otro como Minimax, que merecía ser título de una canción, porque nadie la había hecho antes. Yo no me creo nada de la letra: lo único que me importa es que esté terminada.

¿Cómo es eso?
Claro, no sé si te preocupás tanto por lo que dice la letra, creerte el personaje o la historia que estás contando. A mí no me importa nada de los Minimax ni de las FAL, que son las que hicieron el atentado. A mí me interesa que se conozca la palabra Minimax y que eso a lo mejor dé la posibilidad de saber qué pasó. Rockefeller había puesto unos supermercados en el 69, y en veintisiete minutos volaron todos. pusieron bombas en latas de duraznos y papeles higiénicos. Nosotros llegamos a hablar de eso por ese camino, y el contenido me parece mucho más fuerte que el de un grupo social, como Dos Minutos o La Renga. En ellos la actitud es "me preocupo por lo social", pero en realidad el contenido no sé si es tan social. A nosotros siempre nos pareció mejor ser distintos que ser los mejores de entre muchos. Hay diez millones de grupos como La Renga o Dos Minutos, pero ésos son los que llegaron. Y en la sala de ensayo había diez grupos, cinco eran stones y tres eran funkies. A nosotros se nos podría pegar con los sónicos, pero eran cinco grupos, no un movimiento que había en todas las salas de ensayo del país.